Belén Ariza y Tomás Roldán tienen horarios de facultad que no cierran con ningún laburo de oficina. Por eso se armaron el suyo: a puro horno, nació Pizzas Beltoms.
Ella cursa Relaciones Internacionales a la tarde, él estudia Ingeniería Industrial a la mañana. Entre las dos carreras no les quedaba margen para un empleo con horario de comercio tradicional.
El emprendimiento arrancó en la casa de Ariza, en Pocito, con una heladera exhibidora y un horno pizzero que juntaban polvo. Con gas natural de sobra y el asesoramiento del hermano de Belén, que sabe de cocina, se largaron a probar recetas.
En el programa radial Al Palo contaron el secreto de la masa. "Nosotros lo que hacemos es dejarla entre 12 a 24 horas de fermentación en frío", explicó Ariza.
Roldán sumó el detalle técnico: le hacen pliegues a la masa cada media hora para que se oxigene, unas tres veces, y recién ahí separan los bollos de 400 gramos. El resultado se hornea en moldes de 35 a 36 centímetros, más una línea de pizzetas.
Los comienzos no fueron tan prolijos como la masa. Trabajar en una casa de familia los obligó a correr turnos nocturnos después de cursar, y alguna que otra tanda terminó quemada antes de salir a la venta.
"Muchas veces a prueba y error pudimos llegar ahora a tener buen producto y tener la mínima pérdida", reconoció Roldán sobre esos primeros intentos fallidos.
Hoy venden al por menor y al por mayor a panaderías, lomotecas y comercios gastronómicos, y también a particulares para eventos. Los pedidos se arreglan por Instagram, en @pizzas_beltoms, con entrega en puntos de encuentro o a domicilio.
La meta ahora es reinvertir en equipamiento para agrandar el taller. ¿Habrá que ir reservando lugar en la heladera para cuando la demanda los desborde?

