En San Juan, cada vez más familias se las rebuscan como pueden para llegar a fin de mes. Empanadas, budines, ropa, changas, delivery y ventas por grupos de WhatsApp se volvieron parte del paisaje cotidiano de una economía informal que crece al ritmo de la crisis y que, muchas veces, queda por fuera de la facturación y de la inscripción formal.
El economista y analista económico Hugo Berozzi habló de este escenario en Radio Mil20 y explicó que el avance de las redes sociales, sumado a la pérdida de poder adquisitivo de los ingresos formales, empujó a muchas personas a buscar un “segundo” o hasta un “tercer” trabajo.
Según detalló, hay muchísima gente con empleo registrado que, después de cumplir con su jornada, sigue produciendo desde la casa para sumar unos pesos más. Entre los ejemplos que mencionó aparecen hacer budines, preparar postres, vender empanadas por WhatsApp o agarrar alguna changa.
El especialista también señaló que, a nivel nacional, se nota una baja del empleo registrado y un crecimiento de quienes intentan resolver sus ingresos por cuenta propia. Ahí entran repartidores, conductores de plataformas y pequeños emprendedores que venden de manera informal.
Uno de los puntos que más llamó la atención en la entrevista fue el uso de billeteras virtuales para cobrar. Berozzi aclaró que una transferencia entre personas no siempre deja en claro si se trató de una venta, un préstamo o una ayuda familiar, sobre todo cuando son montos chicos.
Distinto es el caso de cuentas asociadas a sociedades o empresas, donde los movimientos sí pueden quedar registrados y contrastarse con las ventas declaradas. En ese marco, también marcó que algunos comercios empezaron a usar transferencias por alias como alternativa al pago con QR, en un contexto de costos altos y ventas más flojas.
El economista vinculó además este crecimiento de la informalidad con la morosidad. De acuerdo con los datos que mencionó, hay más de 100.000 personas en San Juan registradas como morosas, una cifra que alcanzaría hasta al 20% de la población adulta de la provincia.
En ese escenario, explicó que quienes acumulan una deuda impaga por más de 90 días pueden quedar afuera de ciertas herramientas financieras y, en algunos casos, hasta dejar de usar billeteras virtuales. Eso, dijo, termina empujando otra vez al efectivo y complica todavía más la relación con el sistema financiero.
Consultado sobre si la presión impositiva también empuja a la informalidad, Berozzi sostuvo que el problema económico pesa mucho. Además, recordó que hay países con impuestos incluso más altos, pero con mayor cumplimiento porque tienen mejores condiciones y más capacidad de control estatal.
También puso el foco en quién soporta realmente esa carga. Cuestionó que algunos beneficios tributarios estén pensados para grandes inversiones y sectores muy rentables, mientras que impuestos como el IVA siguen golpeando de lleno al consumo de todos los días y a los comercios chicos.
Por último, remarcó la importancia de pedir ticket. Dijo que los impuestos sirven para sostener servicios y bienes públicos básicos, como la educación, la salud, las vacunas y el alumbrado. Y aunque reconoció que siempre hay tensión entre lo que recauda el Estado y lo que paga la gente, insistió en que las operaciones queden registradas.
La postal que deja este panorama es clara: ante los salarios que no alcanzan y las deudas que se acumulan, cada vez más sanjuaninos salen a inventar una salida propia, aunque sea por fuera de la economía registrada.

