La pregunta empezó a circular por todos lados: ¿ahora un pibe de 14 años va preso si comete un delito? La cosa no es tan simple, porque la nueva Ley 27.801 cambia el régimen penal juvenil, pero no manda a encierro automático a nadie.
La norma alcanza a adolescentes de entre 14 y 17 años y los pone bajo un régimen de responsabilidad penal. Antes, la edad de imputabilidad estaba en los 16 años, así que el mapa cambió y fuerte.
En San Juan, el tema prende una luz amarilla por una razón bien concreta: la provincia necesita recursos, profesionales y lugares adecuados para que el sistema no termine resolviéndose a los empujones. Si no, el remedio puede salir más bravo que la enfermedad, ¿vio?
El juez penal de Niñez y Adolescencia de San Juan, Jorge Toro, habló del asunto en diálogo con Radio Sarmiento. Dijo que la clave está en lo que pase antes y después de una decisión judicial, no solo en la sentencia.
Según explicó, la ley prevé medidas socioeducativas, tareas comunitarias, restricciones de acercamiento, asistencia a programas educativos y capacitación laboral. La privación de libertad queda como última opción, puede ser en domicilio, en un instituto abierto o en uno especializado, y siempre con adolescentes separados de adultos.
Toro también marcó un dato que pesa en la discusión: los menores de 18 años representan menos del 2% de los delitos en la provincia. Pero hay un grupo chiquito, de entre 60 y 70 chicos por año, que concentra muchos hechos y suele arrastrar consumo problemático, abandono escolar y familias muy complicadas.
El magistrado recordó además que el 79% de los chicos que comete un delito no vuelve a delinquir. Por eso insistió en que el Estado tiene que ponerle músculo a la educación, al acompañamiento y al seguimiento territorial, porque si no todo puede quedar en un papelón de buena intención.
Otro punto caliente es la infraestructura. Hoy San Juan cuenta con un solo instituto para medidas privativas de libertad, el Instituto Nazario Benavídez, pensado históricamente para chicos de 16 y 17 años. Con la nueva ley, también podría recibir a adolescentes más jóvenes, y ahí empieza el bardo de la adaptación.
Encima, todavía hay dudas sobre la atención para chicas y sobre la figura del supervisor, que debería acompañar al adolescente, mirar cómo sigue en la escuela, en la familia y en el barrio. La discusión ya no es solo si un pibe de 14 años puede ser penalmente responsable: la verdadera pregunta es si San Juan está listo para responder sin improvisar.

