El Ministerio de Gobierno arrancó con las tareas para salvar una colección documental que es un verdadero tesoro para San Juan. Se trata de negativos en placas de vidrio y acetato que retratan distintos rincones de la vida provincial entre las décadas de 1930 y 1950. El material está compuesto por 468 cajas con imágenes de documentos y escenas de época que permiten asomarse a otra San Juan, bien distinta a la de hoy.
Entre esos registros aparecen pasaportes, actas de matrimonio, partidas de nacimiento y también postales de la vida cotidiana, la ciudad, la ropa, las costumbres y la forma de vivir de una sociedad que cambió a fondo. La colección ingresó al Archivo General de la Provincia el pasado 27 de marzo, gracias a la donación de la licenciada Amalia Julia Bruno, vinculada a la Facultad de Ciencias Sociales. Su aporte suma un valor enorme para reconstruir la memoria local.
El archivo no tardó en ponerse manos a la obra y ya comenzó con la conservación preventiva. El trabajo es delicado y exige cuidado extremo: se manipulan las placas con guantes de nitrilo, siempre por los bordes, sobre superficies limpias y protegidas. Después se hace una limpieza suave con cepillos de cerda blanda, se envuelven en papel libre de ácido y lignina y se guardan en cajas especiales para evitar golpes o movimientos que puedan dañarlas.
Además, el resguardo se hace bajo condiciones ambientales controladas, con una humedad relativa entre el 30 % y el 40 %, y una temperatura que se mantiene entre los 15 y 18 grados. Las placas también quedan protegidas de la luz directa y se almacenan en carros móviles. Todo este trabajo apunta a preservar un patrimonio documental clave, que no solo muestra cómo era la provincia antes del terremoto de 1944, sino también el proceso de reconstrucción que llegó hasta 1956.

