El Día Internacional de la Prevención del Suicidio no le pasa por al lado a Adriana Ferreira. Para ella, la fecha también trae el recuerdo de su hija Celeste, que murió cuando tenía 17 años.
Desde entonces, Adriana fue atravesando un proceso largo de aceptación. Y de ese dolor hizo una forma de acompañar a otras familias que quedan con más preguntas que respuestas, un bardo que nadie elige.
“Celeste tenía 17 años cuando se fue y desde ahí haciendo un trabajo de aceptación, de saber que la prevención del suicidio, nuestro caso falló”, contó. También remarcó que muchas personas viven esta situación en silencio y sin herramientas para pedir ayuda.
La mujer puso el foco en la posvención, es decir, el acompañamiento después de una muerte por suicidio. “Yo tuve que salir a buscar porque a mí nadie me vino a tocar el timbre de mi casa a preguntarme cómo estás”, relató, con una frase que pega fuerte.
Además, contó que integra el grupo Renacer, para padres que perdieron un hijo. Según explicó, es gratuito y se reúne el primer y tercer viernes de cada mes en el salón de la Iglesia de la Merced.
Adriana también pidió que el tema no quede encerrado en septiembre. “A mí me gustaría como madre, como familia, que este tema sea mensual una vez al mes, las charlas, no septiembre”, expresó. Y dejó la idea picando: si el problema es de todos, ¿por qué se lo recuerda tan poquito?
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