Todos los días, llueva, truene o sople el Zonda, Eric camina de la mano de su mamá hasta la Escuela Carlos Doncel. Tiene 7 años, vive en Tres Esquinas, en lo profundo de Sarmiento, y no falta nunca.
El jueves pasado esa rutina terminó en una foto que recorrió toda la provincia: el nene, chiquito dentro de su guardapolvo blanco, volviendo a upi casa mientras el viento levantaba tierra por todos lados.
La explicación es más simple de lo que parece desde una pantalla. Adriana, su mamá, no tiene celular y nunca se enteró de que Educación había suspendido las clases por el Zonda.
"Nos levantamos como todos los días y los traje a la escuela. Cuando llegué a la villa me dijeron que no había clases por el viento. Si no, ni me entero", cuenta Adriana.
Cría sola a sus tres hijos y el laburo le llega por temporada: cosecha, atado, lo que salga en las fincas de la zona. Cuando consigue changa, los chicos la acompañan porque no tiene con quién dejarlos.
En la villa apenas queda un celular viejo de una de sus hijas, y casi no lo prenden. Lo reservan para algo importante: poder comunicarse si pasa algo con su hermana de 22 años, que vive sola en Mendoza.
Por eso, más de una vez, Eric llegó a la escuela sin saber que había capacitación docente o que no había actividad. Las avisos llegan por teléfono y ahí, en Tres Esquinas, a veces tardan en llegar.
Lejos de las pantallas, el chico tiene otra infancia: pelota, amigos, tierra, árboles y un canal cercano que tiene prohibido pisar. "Vive jugando, es más o menos la vida que hace", resume su mamá.
Nada de esto lo sabe Eric. Para él, aquel jueves fue un día común: levantarse temprano, ponerse el guardapolvo y caminar a upi escuela, que es, según cuenta Adriana, lo que más lo hace feliz.

