Argentina atraviesa una transformación demográfica que tendrá consecuencias en el empleo, la economía y, especialmente, en las jubilaciones. La caída sostenida de la natalidad reduce la cantidad de nuevos integrantes de la población y, con el paso del tiempo, modifica la relación entre quienes trabajan y quienes dependen de esos ingresos. Frente a ese escenario, el país todavía tiene una oportunidad, pero el margen para aprovecharla es de unos 10 años.
Según datos publicados por Infobae, Argentina registró 413.135 nacimientos en 2024, frente a los 770.040 de 2015. La disminución fue cercana al 46% en menos de una década. En San Juan, la tendencia también se hizo evidente. En una nota publicada por TELESOL DIARIO, con datos del Registro Civil, durante ese período se contabilizaron 4.400 nacimientos menos respecto de 2014. Además, en 2025 hubo un 4,9% menos, en relación al 2024.
El fenómeno no es exclusivo de la provincia ni del país. Se trata de una transición demográfica que atraviesa distintas regiones del mundo, aunque con ritmos diferentes. La cuestión central no pasa solamente por la cantidad de niños que nacen, sino por cómo se prepara la economía para una sociedad en la que habrá una proporción creciente de adultos mayores y menos personas en edad de trabajar.
En ese contexto, un informe elaborado por el economista Eduardo Levy Yeyati, profesor de la Universidad Torcuato Di Tella y ex economista jefe del Banco Central, junto con el demógrafo Rafael Rofman, investigador principal de Cippec, advierte que Argentina todavía contaría con aproximadamente una década de impulso demográfico creciente.
Ese período se conoce como bono demográfico. Durante esa etapa, la proporción de personas en edad laboral aumenta en relación con la población dependiente, lo que puede favorecer el crecimiento del ingreso por habitante. Sin embargo, no se trata de una garantía de desarrollo económico: para convertir esa ventaja en crecimiento sostenido hacen falta empleo, inversión, ahorro y mejoras de productividad.
Los especialistas advierten que, cuando las generaciones menos numerosas lleguen a la edad de trabajar y aumente el peso de los adultos mayores, ese impulso comenzará a agotarse. Por eso, el desafío consiste en aprovechar los recursos y las oportunidades actuales para fortalecer la economía antes de que cambie la estructura de la población.
Consultado por TELESOL DIARIO, el contador sanjuanino Facundo Cereceda analizó las consecuencias de este escenario y puso el foco en uno de los puntos que más preocupación genera, como es el futuro del sistema previsional.
"El punto que más se está hablando en este momento es qué va a pasar con lo previsional. El sistema, hoy en día, funciona extremadamente mal. Se cubren jubilaciones con plata de ahora, las inversiones que hace ANSES no son sustentables, no sabemos qué va a pasar con la gente que se va a jubilar de aquí a cinco años, ese sería el mayor inconveniente", advirtió.

La preocupación se relaciona con el funcionamiento de un sistema que necesita financiar las prestaciones de los jubilados y que, ante el envejecimiento de la población, podría enfrentar mayores dificultades si disminuye la cantidad de trabajadores que aportan en relación con quienes reciben haberes. El impacto final dependerá también de la evolución del empleo formal, los salarios, la productividad y las decisiones que se tomen en materia previsional.
"Los jóvenes a nivel nacional tendrán que trabajar toda su vida", sostuvo Cereceda, al advertir sobre las dificultades que podrían encontrar las nuevas generaciones para sostenerse exclusivamente con una jubilación.
El contador también planteó que las decisiones económicas deben contemplar los cambios demográficos y evitar medidas que agraven los problemas de financiamiento. "No hay que hacer inversiones totalmente arriesgadas por parte de sistemas previsionales y empezar a pedir créditos", analizó.
A su vez, mencionó que la inmigración puede modificar la estructura de edades de un país y contribuir a incorporar población en edad laboral. Sin embargo, la posibilidad de compensar el envejecimiento mediante esos movimientos depende de múltiples factores y no reemplaza la necesidad de fortalecer el sistema económico.
El impacto en San Juan y las oportunidades de la minería

La caída de los nacimientos también puede repercutir en la actividad comercial y en los servicios vinculados con la infancia. Menos chicos pueden traducirse, con el tiempo, en una menor matrícula escolar y en cambios en la demanda de productos y servicios destinados a ese segmento.
Para Cereceda, algunos rubros tendrán margen para adaptarse. "Los negocios orientados a jóvenes o chicos, como jugueterías, jardines de infantes, pueden complicarse. Pero se podrían reinventar en su modelo de negocio. Ese no sería un problema tan grande, porque pueden cambiar sus productos", explicó.

No obstante, consideró que el escenario previsional representa una dificultad más compleja, porque no puede resolverse simplemente modificando una actividad comercial.
"Mientras tanto, lo que más impactará es lo previsional. Eso no se puede reinventar, puede empeorar", advirtió. En esa línea, cuestionó las respuestas de corto plazo que puedan postergar los problemas sin resolverlos de fondo.
Entre las alternativas que podrían discutirse frente al envejecimiento poblacional, Cereceda mencionó una eventual extensión de la edad jubilatoria. Se trata de una de las posibilidades que suelen aparecer en el debate previsional, junto con la necesidad de revisar las condiciones de financiamiento y las trayectorias laborales, aunque su implementación dependería de decisiones políticas y de las características de cada actividad.
Pero, además de los desafíos, el contador señaló que San Juan tiene una oportunidad que podría diferenciarla de otras provincias: el desarrollo de la minería.
"Los jóvenes a nivel provincial han sido bendecidos de nacer en San Juan", afirmó, en referencia al potencial de la actividad minera y a las posibilidades laborales y económicas que puede generar en los próximos años.

Para Cereceda, el desarrollo de ese sector abre un escenario favorable, aunque no garantiza por sí mismo que la provincia aproveche las oportunidades. La clave estará en la capacidad de transformar las inversiones en empleo, formación profesional, actividad económica y mejores ingresos para la población.
En ese sentido, consideró que los jóvenes deberán prepararse para acceder a las nuevas oportunidades y tomar decisiones financieras que les permitan construir mayor estabilidad a largo plazo.
Qué debe hacer Argentina durante los próximos 10 años

Uno de los principales obstáculos que identificó Cereceda es la inestabilidad económica. A su entender, la falta de previsibilidad complica las decisiones de inversión y también afecta la planificación de largo plazo que requiere un sistema previsional.
"Viene un Gobierno y pone cepo de dólares, viene otro y lo libera. No nos decidimos. Hay incertidumbre y afecta las cuentas recaudatorias, como podría ser el sistema previsional", señaló.
Otro punto central es el empleo informal. Según el contador, alrededor del 40% de la población trabaja en negro, una situación que limita los aportes al sistema de seguridad social y reduce los recursos disponibles para financiar las jubilaciones. Por eso, planteó que avanzar en la formalización laboral debería formar parte de las prioridades.
El desafío también involucra la educación, el acceso a la vivienda y la formación de los trabajadores. Estos factores influyen tanto en las posibilidades de conseguir empleo formal como en la capacidad de las personas para mejorar sus ingresos y sostener una trayectoria laboral durante más años.
Frente a este panorama, Cereceda recomendó que los jóvenes comiencen a pensar en su futuro económico sin depender exclusivamente de las prestaciones previsionales.
"Ya no se puede depender solo de la jubilación. Históricamente han sido malas. Hoy más que nunca hay que capitalizarse, tener ingresos pasivos. Los que somos jóvenes ahora vamos a tener que seguir trabajando siempre, con sus pro y sus contra", concluyó.

