Las primeras pericias del accidente aéreo del 29 de julio en Valle Fértil empezaron a marcar un rumbo claro: la investigación se inclina hacia un posible error humano. El siniestro dejó siete víctimas y ahora los técnicos buscan cerrar el rompecabezas sin apurarse de más.
Según fuentes consultadas el helicóptero Bell 412 estaba en condiciones operativas óptimas y el piloto Matías Valenzuela tenía buen estado de salud al despegar. Igual, todavía faltan resultados clave, como el análisis toxicológico y la lectura de la caja negra.
Un informe meteorológico sumado a la causa señala que la zona del Parque Ischigualasto estaba con neblina baja y cielo nublado esa mañana. Con esa visibilidad, la reconstrucción técnica sostiene que Valenzuela habría intentado aterrizar y, en esa maniobra, la cola del helicóptero pegó contra una roca.
Después de ese golpe, la aeronave se partió en dos. La cola y el rotor trasero salieron despedidos entre 60 y 70 metros, mientras la cabina con los siete ocupantes cayó y terminó estrellada contra otra formación rocosa.
Las fuentes ligadas a la causa señalaron que los cuerpos no presentaban desmembramientos ni quemaduras, pero sí múltiples fracturas compatibles con el impacto. Todos murieron por politraumatismo, y el fiscal federal Francisco Maldonado sigue esperando los datos finos para cerrar si fue un error humano o si la historia trae otra carta bajo la manga.

