Un sismo de magnitud 7,2, según el Instituto Geofísico del Perú, sacudió este jueves a la región de Ayacucho. Para el Servicio Geológico de Estados Unidos fue de 6,7, con epicentro a 35 kilómetros al norte de Coracora y a 108 kilómetros de profundidad.
Ese movimiento se sumó a otros registrados en Colombia, el 10 de agosto, y en Venezuela. Con ese combo, más de uno en San Juan y Mendoza quedó con el julepe de si venía algo para este lado.
Pero Irene Pérez, doctora en Geología e integrante del Departamento de Investigaciones Sismológicas del Instituto Nacional de Prevención Sísmica (INPRES), le bajó el volumen al asunto. Dijo que no hay evidencia científica para afirmar que esos terremotos anticipen o aumenten la probabilidad de un sismo en Cuyo.
La especialista explicó que los terremotos responden a procesos tectónicos y a las características geológicas de cada región. O sea: que tiemble en otro país no significa que acá se vaya a mover el piso por contagio, ni mucho menos que se pueda saber cuándo.
Pérez también marcó la diferencia entre peligrosidad sísmica y predicción. San Juan y Mendoza están en una zona ligada a la interacción entre las placas de Nazca y Sudamericana, con fallas capaces de generar terremotos, pero eso no habilita a anunciar un sacudón próximo.
Y fue clara en lo más importante: hoy no existe ningún método científico que permita predecir un terremoto con fecha, lugar y magnitud confiables. Así que, por ahora, la ciencia mira, estudia y avisa, pero no hace magia; ¿quedó claro o hacía falta otro sacudón para entenderlo?

