La incorporación de las pistolas Taser a la Policía de San Juan volvió a poner el tema sobre la mesa, y en la calle la pregunta es bastante simple: ¿qué pasa cuando se usan y cómo puede impactar eso en una situación real de seguridad?
En plena capacitación de nuevos efectivos, el oficial inspector Matías Carrizo, especialista en el manejo de estos dispositivos, explicó que la Taser no busca dejar inconsciente a nadie, sino generar una inmovilización momentánea a través de una descarga que actúa sobre el sistema neuromuscular.
“Básicamente es un dispositivo de inmovilización momentánea, que significa que trabaja sobre el sistema neuromuscular”, señaló Carrizo. Según detalló, cuando las sondas hacen contacto con el cuerpo, se producen contracciones musculares involuntarias que por unos cinco segundos le quitan a la persona el control de sus movimientos.
Ese margen, explicó, le da tiempo a los policías para intervenir y reducir una amenaza sin recurrir de entrada a una fuerza mayor. La propia información técnica del fabricante describe el mismo mecanismo como una incapacitación neuromuscular temporal.
Otro punto que el especialista quiso dejar en claro es que la descarga no afecta la conciencia. “La consciencia del cerebro no se toca para nada y la persona siempre está consciente, siempre, en todo momento. Luego de tener esa descarga, vuelve a su estado normal”, afirmó.
También habló sobre la posibilidad de volver a usar el dispositivo si la situación lo requiere. “Lo recomendable serían dos despliegues”, indicó Carrizo, al explicar que puede generarse otro período de unos cinco segundos de inmovilización.
En esta nueva etapa, San Juan incorporó una versión considerada de última generación dentro de la línea que usa la fuerza. El especialista remarcó la diferencia entre voltaje y amperaje: hace falta voltaje para que las sondas atraviesen la ropa y hagan contacto, pero la corriente que provoca la contracción es muy baja.
“El voltaje es mucho lo que recibe la persona. ¿Pero por qué? Porque salen con mucha fuerza los sarpones para atravesar una campera, un pantalón, voltaje mucho. Pero el amperaje, que es lo que provoca esa contracción, es muy bajo”, explicó.
Según precisó, la Policía adquirió un dispositivo que trabaja con una energía de 0,0012 joules, cifra que comparó con los 0,07 joules de un DEA. Además, sostuvo que, por sus características, puede utilizarse incluso frente a personas con dispositivos cardíacos implantados, aunque siempre bajo criterios de seguridad y entrenamiento.
La apuesta, en definitiva, es sumar una herramienta más para intervenir en hechos complejos sin escalar de entrada a un nivel de violencia mayor. En San Juan, eso viene acompañado por capacitación específica: 120 efectivos del D3 se entrenan en grupos de 20 durante tres días, mientras la Policía reorganizó las 35 unidades disponibles para que haya personal preparado para usarlas las 24 horas y en distintos sectores de la provincia.
Así, la discusión no pasa solo por cuántas Taser hay, sino por cómo se usan, qué provocan en el cuerpo y qué preparación hace falta para que, en la práctica, sean una herramienta útil para cuidar a la comunidad.

