En San Juan, el agua tiene reparto claro y no hay mucho misterio: el campo se lleva la torta grande. Según datos de la Secretaría de Recursos Hídricos, la provincia usa en promedio unos 1.500 hectómetros cúbicos por año.
De ese total, el riego agrícola concentra 1.210 hm³, o sea el 81%. El consumo humano, el que llega a las casas por Obras Sanitarias (Osse), suma 240 hm³ y representa el 16%.
La minería y la industria, juntas, aparecen con 50 hm³, cerca del 3%. Ojo con ese número: no marca el uso real de cada actividad, sino los permisos y concesiones ya otorgados. En la práctica, varios proyectos usan menos porque no consumen todo lo autorizado.
El agua, además, no cae del cielo por arte de magia. Unos 1.100 hm³ vienen de fuentes superficiales, sobre todo de los ríos San Juan y Jáchal, mientras que otros 400 hm³ salen de agua subterránea. Ahí está la canilla grande de la provincia, y se nota.
En la comparación fina, esos 50 hm³ equivalen al riego a manto de unas 2.500 hectáreas de vid. Y, según la estimación oficial, mejorar canales e incorporar más riego tecnificado podría ahorrar entre 300 y 400 hm³ sin achicar la superficie cultivada. Con esos números sobre la mesa, ¿quién está apretando más la llave?

