Murió Eugenio Zanetti y en San Juan la noticia cayó con peso propio. El artista argentino dejó una trayectoria internacional enorme y un vínculo especial con el Teatro del Bicentenario.
Allí no pasó de visita, ni cerca. Llegó con experiencia de sobra y también con una generosidad que hizo crecer cada producción.
Zanetti fue cineasta, director de escena, escenógrafo y artista plástico. Un creador que se movía con soltura entre la pintura, el cine, la ópera y el teatro, sin quedarse quieto en un solo casillero.
En San Juan su nombre quedó atado a montajes como La Flauta Mágica, Don Carlo y Pagliacci. Pero su paso por el Bicentenario fue bastante más que una lista de obras.
En La Flauta Mágica, pensada especialmente para ese escenario, trabajó en la dirección de escena, la escenografía, el diseño visual y el vestuario. O sea: no vino a poner la firma y listo, vino a meterle mano a todo el cuadro.
Además, su trabajo dejó formación y aprendizaje en artistas, técnicos y realizadores locales. El teatro no solo mostró grandes espectáculos; también se puso las pilas como espacio de producción y de enseñanza.
Desde el Gobierno de San Juan y el Teatro del Bicentenario despidieron al creador y destacaron la huella que dejó en la cultura provincial. Las funciones se apagan, pero hay nombres que quedan prendidos en la memoria, ¿no?

