La noche en el Jockey Club San Juan cayó pesada. Murió Horacio José Ariel Touris, más conocido como Bruja, y la noticia sacudió al rugby local.
El club confirmó la triste novedad y lo despidió como un referente de esos que no se reemplazan fácil. Hablaron de su entrega, de su compañerismo y de esa presencia que siempre sumaba.
Quienes lo conocieron llenaron las redes con recuerdos y anécdotas. Un amigo dijo que lo iba a extrañar por manejar el sarcasmo como nadie, y otro lo llamó el Emperador de la Risa.
También lo describieron como un camarada de batallas largas y difíciles, siempre al pie del cañón. En cada mensaje apareció la misma idea: dejó huella en la cancha y afuera de ella.
El Jockey cerró su despedida con gratitud por todo lo que dejó Horacio. Y ahora queda esa mezcla rara de tristeza y memoria viva, porque hay gente que se va, pero sigue jugando en el recuerdo.


