Un patrullero frenó en Rivadavia, pero no por un procedimiento ni por un bardo. El cabo primero Gustavo Castro, del Comando Oeste, bajó a comprar café y semitas en inmediaciones de Av. Libertador y Meglioli.
Lo que parecía una parada más de la mañana terminó con un gesto simple y bien de barrio. En vez de quedarse solo con el desayuno, el policía decidió compartirlo con un hombre en situación de vulnerabilidad.
El detalle no pasó desapercibido, porque a esa hora el frío aprieta y cualquier taza caliente vale doble. Castro le acercó el desayuno y le dijo: “Esto es de corazón, no para hacerme ver, para que tomés algo caliente”.
El hombre le agradeció humildemente, y la escena quedó registrada como una de esas postales que no abundan. En tiempos donde todo corre a las apuradas, un café y unas semitas pueden decir bastante más que un discurso, ¿no?
