El retiro voluntario viene sonando cada vez más en el laburo, y no por casualidad. Para la empresa puede ser una forma de achicar personal; para el trabajador, una salida con plata sobre la mesa.
Pero ojo: antes de estampar la firma conviene mirar bien el papel. El abogado laboralista sanjuanino Mario Daniel Arancibia advirtió que no se trata de una imposición, sino de un acuerdo que debe ser libre.
“No es obligatorio, debe haber voluntad del trabajador, no se puede imponer”, explicó. Y dejó claro que, si la oferta pisa de más los derechos laborales, puede terminar discutida en la justicia o ante la Subsecretaría de Trabajo.
El punto que más ruido genera es la plata. Arancibia señaló que no hay un porcentaje fijo por ley, aunque consideró que la propuesta no debería bajar del 70% de una indemnización, si se la toma como referencia.
Otro dato importante: quien acepta un retiro voluntario no cobra la prestación por desempleo. Sí puede conservar la cobertura de salud por unos meses, según lo que marca la ley. Para colmo, la homologación ante la autoridad laboral da más seguridad, así que mejor no salir corriendo con el bolígrafo en la mano, ¿no?

