Antes de mandar un texto sensible a cualquiera, conviene mirar dos veces. El Colegio de Traductores de San Juan recordó cómo chequear si un profesional está habilitado para evitarse un dolor de cabeza.
Los traductores Juan Francisco Díaz y Adriana Moll dieron las claves en una entrevista por Telesol, al cumplirse el Día de la Traducción. La idea fue bien concreta: saber si quien cobra por traducir realmente está matriculado.
Díaz explicó que la institución tiene una web con el padrón actualizado de profesionales. “Esa es una buena forma de verificar que el traductor es recibido, que es real, que está habilitado para traducir”, dijo.
También marcó que no todos los trabajos piden lo mismo. Para trámites judiciales, por ejemplo, hace falta un traductor público, que da fe de que la traducción coincide con el original, “como un escribano de la traducción”.
Moll agregó que la formación del traductor público incluye terminología y documentación, y que después muchos se especializan en áreas médicas, literarias o científico-técnicas. Y, ojo, con la inteligencia artificial no alcanza: sirve de ayuda, pero la revisión humana sigue siendo la que pone la firma, ¿o quién quiere que un papel importante quede medio en el aire?

