¿Sos de los que salen y van a los bifes, aunque no haya reloj encima? Bueno, tu paso puede estar diciendo más de vos de lo que parece.
La psicología y el ámbito médico vienen mirando la velocidad de la marcha como una pista del funcionamiento del cerebro y del sistema nervioso. Según el divulgador médico Sermed Mezher, caminar más rápido puede reflejar cómo cada uno procesa lo que pasa alrededor.
En la calle, hay gente que afloja porque le entra todo el ruido visual y mental del entorno. Otros, en cambio, mantienen un ritmo más vivo, como si fueran con el GPS interno prendido y sin tiempo para perder.
Una investigación encabezada por el doctor Yannick Stephan y publicada en Social Psychological and Personality Science analizó a más de 15.000 adultos. El trabajo encontró una relación entre caminar rápido y rasgos como la responsabilidad, la automotivación y la organización.
Eso suele traducirse en mejor manejo del tiempo, más orientación a objetivos y cierta energía extra para encarar el día. Pero ojo: no siempre significa ansiedad o apuro, porque también puede haber empatía y adaptación, como cuando alguien baja el ritmo para acompañar a otro. Al final, ¿quién diría que un simple paso podía dar tanta letra?

