Dejar el alcohol no siempre alcanza para que el hígado vuelva a ponerse en marcha. Un estudio nuevo muestra que, cuando el daño ya está hecho, algunas células quedan a mitad de camino y no terminan de recuperarse.
La investigación fue hecha por equipos de la Universidad de Illinois Urbana-Champaign, Duke University y el Chan Zuckerberg Biohub Chicago. Publicaron los resultados en Nature Communications, y el hallazgo abre una puerta para pensar diagnósticos y tratamientos distintos.
El problema, según los científicos, aparece por la inflamación que desordena el empalme del ARN. Ese paso es clave para que las instrucciones genéticas se conviertan en proteínas útiles, pero en el hígado dañado por alcohol el mecanismo se hace un bardo.
En muestras de personas con hepatitis o cirrosis asociadas al alcohol, las células no lograban volver del todo a su estado maduro. Quedaban en un punto intermedio, como si hubieran arrancado la reparación pero se hubieran quedado pagando a mitad de camino.
Los investigadores también detectaron niveles bajos de una proteína llamada ESRP2, que ayuda a que el ARN se empalme bien. Cuando bloquearon una señal inflamatoria en laboratorio, esa proteína se recuperó y el proceso volvió a ordenarse un poco. ¿La próxima pista para tratar este problema estará ahí?
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