La Casa de la Bondad, el espacio de cuidados paliativos (atención centrada en aliviar el dolor y acompañar, no en curar) de la fundación Manos Abiertas, volvió a abrir sus puertas en San Juan. Allí se acompaña a personas en la última etapa de su vida y a sus familias, en la sede de calle Paula Albarracín de Sarmiento 77 Sur.
Las voluntarias Alejandra Bilbao y Verónica Vela contaron durante una recorrida cómo funciona el lugar, que llama cariñosamente "patroncitos" a quienes recibe. Para ingresar, la persona necesita antes una derivación médica que confirme que está en la etapa final de su vida.
"Tenemos convenio con Hospital Rawson, Marcial Quiroga, y estamos yendo a los hospitales de periferia para que haya derivación", explicaron las referentes. También aclararon que "como este es un cuidado al final de la vida, tiene que estar indicado por el médico tratante, es el que define si es el final de vida, y bueno, se comunica con el equipo médico de Casa de la Bondad".
La casa tiene un oratorio donde se celebra una misa por mes, abierta a personas de todos los credos, además de una sala de enfermería, habitaciones individuales, un comedor compartido y un jardín. Los espacios están pensados tanto para los pacientes como para sus familiares.
El día a día se sostiene con un equipo de salud, un celador y, sobre todo, voluntarios. El 14 de noviembre la fundación hará un taller para sumar nuevas personas al equipo, con capacitaciones mensuales que se alternan entre presenciales y virtuales.
La Casa de la Bondad depende casi por completo de la ayuda de la comunidad: donaciones de alimentos, como carne y verduras, y de productos de limpieza. "Nos sostenemos con muchas donaciones pequeñas, algunas, otras más grandes, de gente en general", destacaron las voluntarias.
Quienes quieran donar o sumarse como voluntarios pueden llamar al 426-7459 o escribir por redes sociales a manosabiertas.sanjuan.

