La obesidad dejó de ser un tema de adultos y ya les está pasando factura a muchos chicos. El problema no viene solo con kilos de más: también trae complicaciones metabólicas que pueden arrastrarse por años.
Las cifras prenden una luz amarilla fuerte. Según los datos del Atlas Mundial de Obesidad expuestos por el médico Agustín Fernández Santander, 547.000 niños presentan triglicéridos altos y otros 1.238.000 padecen enfermedad hepática esteatósica asociada a disfunción metabólica, o sea, hígado graso.
El escenario es Argentina y vuelve a poner el foco en la prevención. En el Día Nacional de Lucha contra la Obesidad, que se conmemora cada tercer miércoles de octubre, el especialista remarcó que hay que detectar la enfermedad a tiempo y acompañar sin estigmatizar.
Fernández Santander explicó que el hígado graso no es solo grasa acumulada en ese órgano. También puede venir con resistencia a la insulina, una condición que, si avanza, puede abrir la puerta a la diabetes tipo 2. Y si aparece en la niñez, el camino por delante es larguísimo, así que mejor no hacerse los distraídos.
El médico también puso el ojo en otro combo pesado: sedentarismo, pantallas y comida poco equilibrada. Hay chicos que tienen a mano ultraprocesados y gaseosas, y otros hogares donde faltan frutas, verduras o carnes por una cuestión económica. Distintas realidades, pero el cuerpo termina pagando la cuenta igual, ¿o no?
Frente a un diagnóstico, la recomendación es clara: acompañar sin reproches. El tratamiento necesita a toda la familia, hábitos más sanos y seguimiento profesional, porque las burlas y los atajos no sirven para nada. Acá la clave es prevenir antes de que la cosa se ponga más pesada.

