Por Omar Andrada
En el 8 de octubre, Fabiana Acosta volvió a poner el tema sobre la mesa: San Juan todavía no adhiere a la Ley 27.306 sobre dislexia. La referente de DISFAM San Juan pidió que la detección arranque desde los primeros años, antes de que el problema quede picando en la escuela.
Acosta explicó que la dislexia es una condición neurológica, hereditaria y permanente. Afecta sobre todo la lectura y la escritura, pero no tiene nada que ver con la inteligencia de la persona, una aclaración que todavía hace falta repetir bastante.
Según contó, cuando no se detecta a tiempo pueden aparecer frustración, abandono escolar y un montón de trabas que después se arrastran durante años. También remarcó que las adaptaciones educativas no deberían depender de la buena voluntad de cada institución, porque ahí es donde muchas veces se arma el quilombo.
Entre esas herramientas mencionó letra más grande, más espacio entre renglones, menos distractores y evaluaciones orales o de opción múltiple. La idea, dijo, no es bajar contenidos ni regalar nada, sino dar la chance de mostrar lo que se sabe por otra vía.
La referente también contó que en la Universidad Nacional de San Juan ya empezaron a trabajar casos concretos y que incluso detectaron otros estudiantes con dificultades específicas del aprendizaje. Mientras tanto, DISFAM impulsa una campaña de concientización con el color azul y convoca a escuelas, comercios e instituciones a sumarse. ¿No sería hora de que la provincia también se prenda?

