El festejo duró un segundo, pero dejó una historia de las que pegan fuerte. Cuando Ivo Kestler metió el primer gol de Arsenal ante Ituzaingó, se tapó un ojo y cumplió lo que había prometido.

El gesto fue por Tatú, el gato que vivía en el predio del club y al que el delantero llamaba “Tuertito”. Para muchos fue una celebración más; para los que sabían la interna, fue un homenaje con todo el corazón.
La historia venía de una semana movida. Tatú murió y Kestler, muy afectado, decidió que si volvía a convertir iba a festejar así, con ese guiño bien suyo. El día anterior, incluso, había pasado la mañana con el gato en el vestuario.

El gol llegó a los 14 minutos, después de un centro de Matías Sosa desde la derecha. Kestler apareció entre los centrales y la metió de cabeza para el 1-0, justo después de tres meses sin gritar uno.
Arsenal necesitaba ganar para seguir prendido arriba y lo hizo sin andar con vueltas. Dylan Cabral puso el segundo a los 30 minutos del complemento y cerró el 2-0, que dejó al Viaducto con 57 puntos y tercero, a dos del líder Excursionistas. ¿Y el “Tuertito”? Seguro se ganó otra ovación desde algún rincón del predio.

