La jugada del Gobierno volvió a poner en primer plano un problema que, aunque suene lejano, pega de lleno en el día a día de bancos, empresas y clientes: cuando faltan pesos en el sistema, se encarece todo. Esta vez, el Tesoro absorbió de más en la última licitación y después tuvo que reacomodar esos fondos para bajar la presión sobre las tasas.
Según la información conocida, el Ministerio de Economía enfrentaba vencimientos por alrededor de $8 billones y terminó consiguiendo cerca de $12 billones. En lugar de quedarse solo con lo justo para renovar la deuda, se llevó unos $4 billones extra del mercado. Ese excedente, que generó ruido en la city, terminó en el Banco Nación y desde ahí volvió a circular entre los bancos a través de cauciones.
La consecuencia se sintió rápido: al sacar más pesos de los necesarios, el Tesoro dejó al sistema con menos liquidez y las tasas de corto plazo se tensaron. Para las entidades financieras, eso significa menos margen para moverse con comodidad; para quienes operan con créditos, transferencias o plazos cortos, implica un mercado más caro y más nervioso.
En medio de esa tensión, Santiago Bausili había admitido en su última conferencia de prensa que no sabía dónde estaban los pesos que faltaban, lo que abrió todavía más preguntas sobre el manejo de la operación. Mientras tanto, el Ministerio de Economía seguía sin explicar públicamente el destino de esos fondos.
Lo que pasó después fue una especie de ida y vuelta monetario: el Gobierno sacó liquidez por una ventanilla y tuvo que devolverla por otra cuando vio que las tasas se le iban para arriba. En vez de reintegrar esos pesos directamente desde el Banco Central, los dejó en el Banco Nación, que salió a ofrecer liquidez al resto del sistema para descomprimir la situación.
Para los bancos, el mecanismo tiene una lógica conocida pero con costo. Ellos prestan al Tesoro con fondos que provienen de los depósitos de sus clientes, una parte de los cuales debe quedar inmovilizada como encaje. Cuando el Tesoro se pasa de rosca absorbiendo pesos, las entidades quedan cortas de efectivo y salen a buscar plata en el mercado interbancario, en cauciones o en operaciones de repo. Ahí es cuando el precio del dinero se dispara.
En esta oportunidad, el resultado fue casi una paradoja: el Tesoro pagó caro para sacar pesos del mercado y después usó al Banco Nación para devolverlos más baratos, mediante liquidez de corto plazo. Para la gente común, la foto final es simple: cuando el sistema financiero se seca, todo se encarece; cuando el Gobierno afloja, intenta evitar que la tensión termine golpeando más fuerte.
Por eso la discusión sobre esos $4 billones no fue solo contable. Lo que estaba en juego era entender por qué se movieron así los pesos y cómo eso impactó en las tasas. En definitiva, el Gobierno apretó la canilla con una mano y tuvo que abrirla con la otra para que el sistema no se quedara sin aire.

