El FMI ratificó este jueves cuatro líneas de acción acordadas con el Gobierno argentino para mover la actividad y sumar empleo. En criollo: más crédito, más flexibilidad laboral, obras en concesión y facilidades para inversiones privadas, todo mientras asoma el riesgo de recesión técnica.
La vocera del organismo, Julie Kozack, habló de un entendimiento compartido para sostener la estabilización y lograr un crecimiento más firme. La frase salió desde Washington y dejó claro que el Fondo quiere ver laburo, no solo planillas lindas.
La primera apuesta apunta a profundizar los mercados de capitales e hipotecario para que empresas y familias consigan financiamiento con más facilidad. La segunda busca darle más flexibilidad al mercado laboral, una discusión que ya venía picando con las reformas aprobadas a principios de año.
Las otras dos medidas van por el lado de la inversión. El FMI pidió avanzar con las concesiones de infraestructura adjudicadas recientemente y también empujar proyectos bajo el RIGI, el régimen para grandes inversiones que, según Kozack, ya tiene iniciativas aprobadas por más de USD 76.000 millones.
Todo esto llega con la economía todavía floja: tras la caída de julio, la actividad apenas subió 0,1% en agosto. Y mientras el Gobierno espera un desembolso de unos USD 900 millones, el Fondo todavía no dijo si dará una dispensa por la meta fiscal incumplida. ¿La decisión? Quedó picando para el directorio de principios de diciembre.

