En la plaza financiera ya no disimulan la cara de preocupación: el riesgo país quedó a un paso de los 1.000 puntos. Este jueves cerró en 925, con un salto del 8,6% en una sola rueda.
La sacudida venía cocinándose hace días, pero se aceleró con dos golpes del afuera. Primero, el sorpresivo triunfo de Lula en Brasil; después, la derrota de Donald Trump en Estados Unidos.
En menos de dos semanas, el humor del mercado se dio vuelta como media. Y la Argentina, que ya venía con sus propios temblores, quedó otra vez en el centro de la tormenta.
La comparación con julio pega fuerte: entonces el indicador estaba en 402 puntos básicos. Ahora más que se duplicó y volvió a quedar peligrosamente cerca de la barrera psicológica de los mil.
Los bonos argentinos también muestran ese desgaste. Según la consultora 1816, rinden peor que otros emergentes parecidos y el mercado ya les pone precio a un escenario más áspero para después de 2027. ¿Traducción simple? Los inversores piden más premio para quedarse, porque el futuro les hace ruido.
La jornada además fue brava en Wall Street: el Dow Jones cayó 3,4%, el S&P 500 perdió 4,3% y el Nasdaq se hundió 5,5%. Pero en la Argentina apareció una duda extra, bien local: cuánto margen tendrá Javier Milei para seguir recibiendo ayuda financiera de Donald Trump.
El dólar, por ahora, se mantuvo casi quieto y el Banco Central compró u$s42 millones para reservas. Igual, las tasas se movieron con furia y la caución bursátil a seis días llegó a rendir 190% anual. Una postal rara: bonos en rojo, dólar tranquilo y el mercado mirando de reojo el próximo capítulo. ¿Hasta cuándo aguanta esa combinación?

