Cuando la tarjeta ya no tira y el banco te dice que no, en San Juan aparece otra puerta: la del préstamo informal. Fuentes calificadas consultadas por Del Sur cuentan que el rebusque creció fuerte en los últimos meses, de la mano de familias que no llegan a fin de mes.
La mecánica es simple y sin vueltas: dejás un objeto de garantía y te llevás la plata en el momento. El interés puede trepar hasta el 80% y se devuelve todo junto, en una sola cuota, casi un mes después.
Para entrar al circuito no hace falta mucho papelerío. Piden foto del DNI, frente y dorso, y listo, ya estás adentro del sistema.
La necesidad no es un invento: un relevamiento de Amas de Casa del País sobre 400 personas mostró que el 75,25% tiene deudas. De los que usaron financiamiento, el 94% lo gastó en comida, el 67,4% en servicios y el 53,2% en salud.
La garantía es el corazón del negocio: el objeto empeñado tiene que valer más que la plata prestada más los intereses. Sin bien de valor, no hay préstamo que valga.
Según pudieron saber las fuentes, el primer préstamo puede superar el millón de pesos. De ahí en más todo depende del monto, la garantía y cómo evalúen el objeto.
Ahora, atajate con la fecha de pago, porque ahí está el verdadero quilombo. Si te atrasás, cobran entre 10.000 y 30.000 pesos por cada día de demora.
El vencimiento, según cuentan, no es siempre igual: hay esquemas semanales, quincenales o mensuales, todo depende de cómo se cierre el trato.
Antes de largar la plata, el objeto pasa por una evaluación. Su cotización puede llegar a ser hasta el doble de lo que se pide prestado.
Una vez cancelada la deuda, el bien vuelve a su dueño o se usa de nuevo como garantía para otro préstamo. Así, el círculo puede seguir girando.
La cosa viene de atrás: ya en agosto el comercio venía notando más movimiento en las casas de crédito, con gente buscando un empujón para cerrar el mes.
Víctor Bazán, presidente de la Asociación de Inquilinos de San Juan, contó que casi todos los que se acercan a consultar ya arrastran alguna deuda. Muchos, dijo, terminan tomando préstamos con costos que a su entender rozan la usura.
Bazán explicó que cuando no alcanza el ingreso y se cierran las otras puertas, se termina aceptando condiciones lejos de las ideales. Ahí es donde entran los préstamos informales.
El dirigente también marcó un problema de fondo: aunque la usura está en el Código Civil, faltan parámetros claros para saber cuándo una tasa cruza esa línea.
Lo que más lo preocupa es la cadena sin fin: alguien pide un préstamo para pagar otro préstamo, y así se arma lo que él mismo bautizó como "los préstamos de los préstamos". Al final, ¿quién le presta al que le presta al que te prestó?

