Cuando El Niño se pone pesado, no solo cambia el tiempo: también puede mover el mapa de la salud. La Organización Panamericana de la Salud alertó que el combo de calor, lluvias e inundaciones trae más riesgo de contagios y deja a los hospitales con la soga al cuello.
El primer golpe suele venir por los mosquitos, esos que no descansan ni un minuto. Con más temperatura y lluvias desordenadas, se expanden los casos de dengue, zika y chikungunya, y también aparece la preocupación por la fiebre amarilla.
La cosa no queda ahí. La OPS también marcó que puede haber rebrotes de sarampión, sobre todo porque varios países tienen bajas coberturas de vacunación y, cuando hay albergues por desastres, el hacinamiento hace de las suyas.
Y si el agua se complica, el problema se agranda. Las lluvias fuertes pueden dañar cloacas y contaminar fuentes, mientras que en épocas secas mucha gente guarda agua como puede, a veces sin las condiciones ideales. Ahí se abre la puerta a enfermedades transmitidas por agua contaminada.
Para completar el panorama, la OPS estimó que al menos 700 establecimientos de salud en las Américas podrían sufrir daños o interrupciones por lluvias e inundaciones. Entre la luz, el agua y la cadena de frío para vacunas, el sistema queda bastante exigido. ¿Un fenómeno climático y un dolor de cabeza sanitario al mismo tiempo? Sí, y de los bravos.

