España, uno de los grandes nombres del vino en el mundo, anda con cara larga. El consumo interno volvió a caer y el mercado se acercó a números que recuerdan a la pandemia.
El volumen comercializado en el mercado doméstico quedó en 9,1 millones de hectolitros en el período interanual. Eso representa una baja del 7,2% y enciende una alarma que no es menor.
Lo que más llama la atención es que este retroceso aparece con la actividad económica y la gastronomía funcionando con normalidad. O sea, no es solo una foto de crisis puntual: también hay un cambio en la manera de consumir.
España sigue siendo un país fuerte en producción, pero toma cada vez menos vino en casa. El promedio anual ronda los 20 litros por habitante, y los blancos, los vinos jóvenes y los de menor graduación van ganando terreno.
También se meten en la conversación formatos como el bag-in-box, mientras los crianzas y reservas enfrentan otro panorama. Para las bodegas, el desafío es claro: adaptarse al nuevo gusto o quedar pagando, ¿o no?

