Un sacudón político se sintió fuerte en Washington este martes. El Partido Demócrata ganó y le arrebató a los republicanos el control del Senado y de la Cámara de Representantes.
El golpe deja a Donald Trump frente a un Congreso con más poder para frenarle proyectos, trabarle nombramientos y abrirle investigaciones. Para el presidente, no pinta un escenario cómodo: le quedan dos años de mandato y la oposición ahora tiene la cancha bastante más a favor.
La elección también mostró el fastidio de fondo. El costo de vida, las peleas por los aranceles y la guerra contra Irán pasaron factura, sobre todo por el aumento en los combustibles. Cuando la billetera aprieta, el voto suele hablar más fuerte que cualquier discurso.
La ola demócrata pegó en lugares donde los republicanos se sentían dueños de casa. Hubo sorpresas en Kansas, Maine, Texas y Georgia, además de avances en distritos de Pensilvania, Kentucky, Arizona, Nueva Jersey e Indiana.
Trump primero dijo que estaba dispuesto a aceptar los resultados y hasta reconoció el trabajo de sus rivales. Pero después cambió el tono, culpó a su ausencia en las boletas y ya dejó la gorra con una sola palabra: VETO. En enero, entonces, arranca otro partido en Estados Unidos: ¿gobernar o chocar de frente?

