El proyecto de Presupuesto 2027 que mandó el Poder Ejecutivo viene con discurso amigable para la ciencia. Habla de innovación, transferencia de conocimiento y aporte al desarrollo económico, pero el foco real está en que el laburo científico termine en resultados aplicables.
La relación del Gobierno con el área científica viene torcida desde el arranque de la gestión. En los anexos, la idea que se repite es clara: la ciencia como herramienta para resolver problemas concretos, subir la productividad y responder a demandas del sector público y privado.
En el caso del Conicet, el texto dice que seguirá con actividades científicas y tecnológicas en todo el país. También marca que la política para 2027 buscará fortalecer el sistema mediante la aplicación de resultados a problemas económicos, sociales y ambientales.
La apuesta más fuerte aparece en la transferencia tecnológica. El programa de vinculación plantea asesoramientos técnicos, trámites de propiedad intelectual, proyectos de desarrollo y servicios tecnológicos de alto nivel; una hoja de ruta bastante clara para que la ciencia no quede guardada en un cajón.
La CNEA también aparece como organismo estratégico, con metas ligadas al enriquecimiento de uranio, combustibles nucleares, radioisótopos e infraestructura para investigación. El presupuesto, eso sí, habla mucho de innovación productiva y bastante menos de ampliar planteles, carreras de investigación o financiamiento para ciencia básica. ¿La ciencia va a tener más espalda o seguirá remando con lo justo?

