La economía tiene al Gobierno con el ceño fruncido. Con números que no terminan de cerrar, en la Rosada aparecen lecturas distintas y la preocupación por el consumo crece como mancha de humedad.
Mientras Javier Milei insiste en que el modelo va por buen camino, la actividad económica cayó 2,9% en julio y prendió las alarmas. El Presidente dijo que están en “niveles máximos de PBI” y habló de “cuatro años de crecimiento”.
Pero no todos en el oficialismo compran ese optimismo. Hay funcionarios que admiten que la micro está golpeada, aunque repiten que la macro sigue ordenada, y hasta hubo una reunión de Gabinete en julio donde se habló de dificultades con una mejora recién desde noviembre.
Del otro lado, los economistas miran los números y no se entusiasman mucho. Federico Filippini, de Adcap, dijo que harían falta subas mensuales cercanas al 3% desde agosto para evitar una contracción trimestral. Federico González Rouco, de Empiria, también ve muy difícil que el tercer trimestre cierre sin caída.
En la misma línea, Claudio Caprarulo, de Analytica, remarcó que julio dejó poco margen para una recuperación y que la recesión técnica pasó a ser la hipótesis principal. Gonzalo Carrera y Diego Piccardo sumaron cautela: puede haber rebote, sí, pero el empujón tendría que ser tan fuerte que suena a misión complicada. ¿Le alcanzará al Gobierno con la fe o hará falta algo más que buena letra?

