La historia de San Juan también puede contarse a través de quienes llegaron desde otras tierras. Algunos arribaron buscando trabajo y nuevas oportunidades; otros escapaban de guerras y conflictos; y muchos llegaron alentados por familiares o amigos que ya se habían instalado en la provincia. Con el paso de las décadas, esas comunidades no solo echaron raíces, sino que también aportaron conocimientos, oficios y nuevas formas de producción que contribuyeron a transformar la provincia.
En el marco del Día del Inmigrante, que se conmemora cada 4 de septiembre en Argentina, la profesora de Historia Silvana Frau repasó el proceso migratorio en San Juan y destacó el impacto que tuvo la llegada de extranjeros en distintos momentos de la historia.
Una historia que comenzó con la llegada de los españoles
Aunque suele asociarse la inmigración con las grandes oleadas que llegaron a la Argentina durante los siglos XIX y XX, Frau ubica el inicio del proceso mucho antes. Para la historiadora, el punto de partida se encuentra en la llegada de los españoles al territorio americano.
“Podemos decir que la inmigración, el comienzo de la inmigración aquí en el territorio de San Juan y en el territorio de lo que hoy es la República Argentina, comienza en el momento mismo de la ocupación del espacio, la llegada de los españoles a este territorio”, explicó.
Ese proceso comenzó en San Juan en 1562, cuando los españoles arribaron a un territorio que ya estaba habitado por pueblos originarios. A partir de allí, la historia migratoria puede dividirse en distintas etapas, con momentos de mayor y menor llegada de población extranjera.
El gran salto migratorio y los registros
La inmigración adquirió una dimensión mucho mayor hacia fines del siglo XIX. En particular, a partir de 1870 se produjo una inmigración aluvional, vinculada a la situación económica y social de Europa y al proceso de industrialización.
La llegada de miles de personas hizo necesario establecer mecanismos para registrar a quienes ingresaban al país. En San Juan, según explicó Frau, quienes llegaban desde otras provincias debían informar su presencia al inspector de policía y registrarse.
A nivel nacional, uno de los espacios centrales fue el Hotel de Inmigrantes, en Buenos Aires. Allí eran recibidas las personas que llegaban al puerto, se realizaban controles sanitarios y se les brindaba información para facilitar su radicación.
“El Hotel de Inmigrantes (...) era una residencia obligatoria que proponía el Estado argentino a todo aquel inmigrante”, explicó la profesora.
El objetivo era acompañar el proceso de llegada y ofrecer información vinculada a las posibilidades de trabajo y a las características de las distintas provincias.
Españoles e italianos, las comunidades que más crecieron
Entre las distintas nacionalidades que llegaron a San Juan, hubo dos que adquirieron particular relevancia: españoles e italianos.
Según los datos del Censo Nacional de 1914 citados por Frau, San Juan tenía entonces 16.422 habitantes nacidos en el extranjero. De ellos, 10.688 eran españoles, 2.088 italianos y 1.402 chilenos.
“Entonces la inmigración española es muy significativa en la provincia de San Juan”, sostuvo.
Dentro de esa colectividad, además, hubo una presencia especialmente importante de inmigrantes provenientes de Valencia.
“Una de las comunidades españolas más representadas en la provincia fue la comunidad valenciana, siendo San Juan el segundo lugar más poblado de valencianos, aparte de la propia Valencia”, destacó.
La influencia de esa comunidad, según la especialista, incluso puede observarse en tiempos más recientes, a partir del vínculo que muchos descendientes mantienen con sus raíces españolas.
¿Por qué eligieron San Juan?
La decisión de emigrar estuvo atravesada por múltiples factores. En Europa, las transformaciones económicas posteriores a 1870 y la Segunda Revolución Industrial provocaron importantes movimientos de población.
Argentina fue uno de los grandes destinos elegidos, junto con Estados Unidos y Brasil. Para muchos inmigrantes, el principal atractivo era la posibilidad de conseguir trabajo y mejorar sus condiciones de vida.
A esto se sumó, durante el siglo XX, otro fenómeno: las guerras mundiales.
“La primera guerra mundial y la segunda guerra mundial también significaron mucha inmigración que huía de estos países europeos donde tenían guerras muy duras para la población”, relató.
Pero también hubo una razón vinculada directamente a los lazos familiares. Quienes ya estaban instalados en San Juan enviaban cartas a sus familiares y conocidos para contarles sobre las posibilidades que ofrecía la provincia.
“Cuando un familiar que ya estaba radicado aquí en la provincia informaba, contaba por carta que podían venir, podían radicarse, había trabajo y demás, Entonces iba trayendo parientes y amigos. Eso se llama inmigración en cadena”, explicó.
Del puerto a San Juan: el ferrocarril fue clave
Aunque algunos inmigrantes llegaron a través del puerto de Valparaíso y posteriormente cruzaron la cordillera hacia Cuyo, la mayoría ingresó a la Argentina por Buenos Aires.
Sin embargo, San Juan no era inicialmente uno de los principales destinos de la inmigración. Las grandes concentraciones se produjeron en zonas donde había mayor cantidad de trabajo, como Buenos Aires, Santa Fe, Rosario, Córdoba y otras áreas productivas.
La situación comenzó a cambiar con la llegada del ferrocarril en 1885, conectando a la provincia con el circuito ferroviario nacional y facilitando el traslado de personas y mercancías.
“La llegada del ferrocarril marca un antes y un después en la llegada de los inmigrantes a la provincia”, afirmó Frau.
De esta manera, quienes ingresaban al país por Buenos Aires podían continuar su viaje hacia el oeste y llegar a San Juan, donde comenzaba a desarrollarse un importante proceso de expansión agrícola y vitivinícola.
La inmigración que hizo crecer la agricultura y la vitivinicultura
Uno de los principales ámbitos donde se incorporó la mano de obra y el conocimiento de los inmigrantes fue la agricultura.
La expansión de las redes de riego permitió ampliar las superficies cultivables y generar nuevas posibilidades productivas. Los inmigrantes comenzaron a instalarse inicialmente en las zonas que contaban con condiciones para el cultivo, especialmente en el Valle del Tulum.
Con el paso del tiempo, el avance del riego permitió que el proceso se extendiera hacia departamentos como 25 de Mayo, 9 de Julio, Caucete y Sarmiento.
En paralelo, San Juan comenzó a experimentar un fuerte crecimiento de la vitivinicultura moderna.
En este proceso tuvieron un papel destacado inmigrantes italianos como las familias Graffigna y Del Bono, quienes incorporaron conocimientos y nuevas técnicas provenientes de Italia.
“San Juan tenía una excelente producción de vinos, pero las técnicas no estaban modernizadas. Así que, bueno, ellos incorporan una serie de adelantos técnicos dentro de la bodega que permite mejorar los vinos sanjuaninos”, explicó Frau.
También destacó el aporte de los hermanos Langlois, vinculados a la producción vitivinícola y formados en Francia.
La incorporación de nuevas técnicas no se limitó a mejorar la producción existente. También implicó nuevos varietales y formas de comercialización.
“Esto hizo florecer la producción vitivinícola en la provincia, no solo en técnicas dentro de las bodegas, sino también nuevos varietales, en nuevas formas de comercializar la uva, que eso permitió que San Juan creciera con esta producción, llegando a convertirse en prácticamente el único cultivo de la provincia”, detalló.
Las colonias agrícolas y el acceso a la tierra
La expansión agrícola también permitió que algunos inmigrantes pasaran de ser trabajadores a convertirse en propietarios.
Frau resaltó especialmente la importancia de las colonias agrícolas, tanto estatales como privadas, que posibilitaron el acceso a pequeñas parcelas.
Entre ellas mencionó la Colonia Fiscal de Cochagual, además de colonias de iniciativa privada como la Colonia Roda y la Colonia del Médano de Oro.
En esos espacios, muchos inmigrantes pudieron adquirir sus primeras tierras y dedicarse al cultivo de vides y otros productos agrícolas.
Los oficios que llegaron con los inmigrantes
La influencia de las comunidades extranjeras no se limitó a la agricultura. También hubo inmigrantes que llegaron con oficios y conocimientos especializados que fueron fundamentales para una provincia que se encontraba en plena transformación.
Uno de los ejemplos más interesantes es el de los toneleros italianos, cuyo trabajo estuvo directamente relacionado con el crecimiento de la industria vitivinícola.
Entre ellos, Frau mencionó a José Oliver, maestro tonelero que incluso enseñaba el oficio en la Escuela de Artes y Oficios de la capital sanjuanina, y a Luis Merino, quien tenía un taller de tonelería.
También destacó la existencia de una tonelería catalana en Concepción, perteneciente a Gabriel Famada, hacia 1897.
La relación entre inmigración, ferrocarril y vitivinicultura fue, de acuerdo con la historiadora, particularmente importante: trabajadores extranjeros llegaron a una provincia que simultáneamente incorporaba nuevas tecnologías y ampliaba su producción.
Pero hubo otros oficios.
Los inmigrantes también participaron en las tareas vinculadas al ferrocarril, trabajando en las estaciones y en diferentes actividades relacionadas con el funcionamiento de la red ferroviaria.
Asimismo, algunos franceses incorporaron técnicas para la producción de bebidas derivadas del vino. Frau recordó el caso de la bodega Sinzano, donde se aplicaron nuevos conocimientos para la destilación y elaboración de licores.
Italianos y la transformación de la arquitectura sanjuanina
Otro capítulo menos conocido de la inmigración está relacionado con la construcción.
A principios del siglo XX llegaron a San Juan numerosos yeseros italianos, especializados en trabajos de moldeado y revoque fino.
Su labor quedó plasmada en las fachadas de las viviendas y edificios que se construían en la época, especialmente a través de detalles ornamentales.
Muchos de esos trabajos, sin embargo, desaparecieron con el terremoto de 1944, que modificó profundamente la fisonomía urbana de San Juan.
Una historia que todavía continúa
La inmigración no es solamente una historia del pasado. Las comunidades que llegaron a San Juan dejaron descendientes, instituciones, tradiciones y actividades que forman parte de la identidad provincial.
Españoles, italianos, chilenos, franceses, sirio-libaneses y miembros de otras colectividades fueron construyendo sus propias redes y, al mismo tiempo, integrándose a la sociedad sanjuanina.
Desde las bodegas y las fincas hasta los talleres, comercios, estaciones ferroviarias y viviendas, su presencia puede rastrearse en diferentes aspectos de la historia local.
Por eso, hablar de inmigración en San Juan es también hablar de trabajo, oportunidades, adaptación y transformación. Es reconocer que buena parte de la provincia que hoy conocemos fue construida también por personas que, en algún momento, llegaron desde lejos buscando un lugar donde comenzar una nueva vida.

