En San Juan, la preocupación por los consumos problemáticos pega de lleno en las familias y en las escuelas: la edad promedio de inicio está en los 13 años, según datos de la Dirección de Prevención y Asistencia de los Consumos Problemáticos del Ministerio de Familia y Desarrollo Humano. Este año, además, se registraron casos excepcionales de chicos y chicas menores de esa edad que necesitaron intervención.
Desde el organismo aclararon que no es la situación más frecuente, pero sí una señal de alarma que obliga a mover rápido la rueda entre áreas del Estado. Por eso, la provincia viene reforzando el trabajo con la Dirección de Niñez y el Poder Judicial, con diálogo permanente con jueces y fiscales para mirar cada caso de manera integral, teniendo en cuenta también el contexto familiar y social.
La titular del área, Daniela Merlo, explicó que entre las sustancias legales el alcohol pasó a ser la principal preocupación por encima del tabaco, mientras que entre las ilegales la marihuana aparece como la más habitual. También marcó algo que se ve cada vez más en la vida cotidiana de los chicos: los consumos digitales, como juegos, tecnología, redes sociales, compras compulsivas y apuestas online.
Según detallaron, todo eso también puede afectar la salud física, mental, emocional y social de los menores. En ese marco, el Gobierno provincial sostiene campañas de prevención y protocolos específicos para niñas, niños y adolescentes, con una mirada que no se queda solo en la sustancia, sino que analiza lo que pasa alrededor.
Desde la Dirección recomiendan a las familias evitar tanto el control excesivo como la falta total de límites, y apuntar a un acompañamiento más cercano, con escucha y presencia. Entre las señales de alerta mencionan el aislamiento, cambios de ánimo, descuido de la escuela, secretismo, alteraciones del sueño, ojos enrojecidos, cambios bruscos de peso, falta de coordinación, aumento de tolerancia, pérdida de control y síntomas de abstinencia.
La sugerencia, ante cualquiera de esas señales, es no responder solo con castigos y buscar ayuda profesional. En una provincia donde el problema aparece cada vez más temprano, el desafío es que la prevención llegue antes que el daño.

