Hay días en los que uno no busca consejos ni sermones. Busca que alguien lo escuche, nomás, sin mirar el reloj ni meterle más bardo al asunto.
En la Catedral de San Juan existe ese rincón: un box de vidrio a la izquierda de la puerta principal, sobre calle Mendoza. Ahí funciona el Ministerio de la Escucha, abierto a cualquier persona que quiera hablar.
Vanesa Yornet contó que no hace falta ser católico ni llegar con una historia ordenada. “Las personas son todas bienvenidas y todas bien recibidas”, resumió, como quien deja la puerta entreabierta para que entre aire.
El espacio atiende de lunes a sábado, de 10:30 a 12 y de 18 a 19:30. Son 26 personas las que se van turnando, con acompañamiento del padre Andrés Rivero, y con talleres y supervisión para sostener lo que escuchan.
La mayoría llega por soledad, problemas económicos, deudas, falta de trabajo o situaciones con el juego. También aparecen casos más delicados, donde se habla de pensamientos suicidas o de familiares atravesando ese momento, y ahí el equipo actúa con protocolos y contactos especializados.
Vanesa recordó una historia que la marcó: una persona que admitió haber sido abusador y dijo que, al salir de la Catedral, iría a la Policía. En ese box de vidrio no venden soluciones mágicas, pero sí algo que vale oro: tiempo, silencio y una mano tendida. ¿Y si a veces el primer paso es, simplemente, que alguien te escuche de verdad?

