El suicidio constituye una problemática que afecta a millones de familias en todo el mundo. Según datos de la Organización Mundial de la Salud (OMS), es una de las principales causas de muerte entre las personas de 15 a 29 años. En este contexto, septiembre se encuentra establecido como el mes de la Lucha y Prevención del Suicidio, con el objetivo de generar conciencia, promover la prevención y fortalecer las herramientas de detección y acompañamiento.
En San Juan, el pasado 10 de septiembre, Día Mundial de Prevención del Suicidio, se desarrolló en el Centro de Convenciones una multitudinaria Jornada de Actualización denominada “De la esperanza a la acción colectiva”, organizada bajo la supervisión de la Dirección de Salud Mental del Ministerio de Salud.
La actividad reunió a representantes de distintos sectores de la provincia vinculados con la prevención y el abordaje de esta problemática. Entre los disertantes estuvo el doctor Demián Rodante, docente de la Facultad de Medicina de la Universidad de Buenos Aires y profesor adjunto de la Universidad Favaloro, médico psiquiatra especializado en prevención, investigación y abordaje clínico de la conducta suicida.
Durante su exposición, Rodante analizó la situación a nivel mundial y nacional y advirtió sobre el crecimiento registrado tanto en las muertes por suicidio como en los intentos que sobreviven.
“La realidad que muestra el mundo es que en los últimos 20 años hay una tendencia en aumento, no solamente de las muertes por suicidio, sino de los intentos de suicidio que sobreviven”, señaló.
El especialista también remarcó la dimensión del problema al referirse a las personas que actualmente atraviesan pensamientos suicidas. “Todavía hay más personas que están pensando en matarse en estos momentos”, sostuvo, y describió como “indescriptible e insostenible” la situación de quienes continúan desarrollando sus actividades laborales, afectivas y sociales mientras atraviesan ese tipo de pensamientos.
Argentina y la necesidad de mejorar los registros
Rodante también hizo referencia a la situación argentina y al aumento observado en los suicidios, las tentativas y los registros de estos episodios. En ese sentido, destacó que en los últimos años se incorporaron mecanismos más sistemáticos para reportar este tipo de situaciones, lo que puede contribuir al diseño de políticas públicas.
“Esto puede ser un puntapié inicial para cambiar políticas públicas”, sostuvo.
Respecto de las estadísticas nacionales, explicó que durante muchos años no existieron registros suficientemente confiables. En la actualidad, señaló que las cifras oficiales ubican la tasa argentina en alrededor de 11,8 muertes por cada 100.000 habitantes, por encima del promedio mundial informado por la OMS, estimado en 9,1.
Para el especialista, incluso estos datos podrían representar un registro de mínima debido a que todavía existen lugares donde los casos no son registrados adecuadamente.
No existe una única causa
Al analizar los factores vinculados con la conducta suicida, Rodante explicó que no existe una única causa que permita explicar estos casos.
“Tenemos muy pocas habilidades como sociedad para regular emociones displacenteras o momentos de malestar muy intensos. Y poca capacidad para resolver problemas”, explicó, al señalar dos aspectos que aparecen de manera recurrente en las personas que atraviesan pensamientos o intentos de suicidio.
A estos elementos se suman distintos factores de vulnerabilidad, entre ellos el contexto socioeconómico, las condiciones habitacionales, las dificultades de acceso a intervenciones de salud mental, el bullying y las redes sociales.
En este sentido, el especialista remarcó que la problemática no está limitada a un determinado sector social ni necesariamente vinculada con la existencia de un diagnóstico de salud mental.
Por ello, consideró fundamental capacitar a los equipos de salud para detectar situaciones de riesgo e intervenir tempranamente, incluso desde etapas iniciales de la vida y particularmente en el ámbito escolar.
Ni cobardía ni valentía: una situación de desesperación
Uno de los conceptos abordados durante la jornada estuvo relacionado con la forma en que socialmente se califica a las personas que atraviesan una conducta suicida.
Frente a las expresiones que suelen definir estos actos como producto de la “valentía” o la “cobardía”, Rodante fue contundente: “Hasta donde se sabe, ni la cobardía ni la valentía se mide en cantidad de intentos de suicidio”.
En cambio, planteó que se trata de “un acto desesperado y una falta de elección”, una mirada que busca alejarse de los juicios de valor y favorecer una comprensión basada en la prevención y el acompañamiento.
Suicidio y depresión: no siempre existe un diagnóstico previo
La depresión constituye uno de los factores de riesgo asociados al suicidio, pero Rodante advirtió que no todas las personas que mueren por esta causa presentan un diagnóstico psiquiátrico previo.
“No esperemos a que la persona muestre signos de depresión”, sostuvo, y consideró que ante una situación de malestar emocional o sospecha de depresión es adecuado preguntar directamente si existen ideas suicidas.
Según explicó, una proporción de las personas que mueren por suicidio no tenía un diagnóstico de salud mental. Por este motivo, insistió en que la conducta suicida debe ser comprendida como una conducta que requiere intervención y no como un diagnóstico psiquiátrico en sí mismo.
La adolescencia y el aprendizaje para afrontar las crisis
El especialista también puso especial énfasis en la adolescencia y juventud, etapas atravesadas por importantes cambios y crisis vitales.
Rodante señaló que existen actualmente fuertes mensajes sociales relacionados con la necesidad de alcanzar el éxito y obtener resultados inmediatos, mientras que muchas veces no se desarrollan suficientemente las herramientas necesarias para afrontar frustraciones, emociones intensas y procesos que requieren tiempo.
Cuando aparecen emociones como miedo, vergüenza, culpa o tristeza, explicó, puede reducirse la percepción de alternativas para salir de una situación de malestar.
En contrapartida, desarrollar habilidades para regular las propias emociones puede favorecer la toma de decisiones vinculadas con los valores y objetivos de cada persona.
La prevención es una responsabilidad colectiva
Uno de los principales conceptos planteados durante la jornada fue que la prevención del suicidio no puede quedar exclusivamente en manos de los especialistas en salud mental.
“El entrenamiento tiene que venir de toda la sociedad”, afirmó Rodante, y enumeró distintos actores que pueden cumplir un papel en la detección y el acompañamiento: madres y padres, docentes, preceptores, pediatras, médicos de familia, profesionales de salud mental, organizaciones no gubernamentales y medios de comunicación.
“El suicidio es un problema social, no es un problema solamente de salud pública o salud mental”, sostuvo.
En esa línea, consideró que para reducir las tasas de suicidio a nivel local es necesario que distintos sectores asuman un rol activo en la prevención, aprendiendo a identificar señales de alarma y sabiendo cómo actuar ante situaciones de riesgo.
Detección temprana y primeros auxilios psicológicos
Otro de los aspectos destacados fue la importancia de incorporar la detección de riesgo suicida a los controles habituales de salud.
Rodante explicó que no siempre es necesario que la primera intervención provenga de un especialista en salud mental. Por el contrario, consideró que profesionales que realizan controles pediátricos o de adolescentes deben incorporar preguntas relacionadas con la conducta suicida dentro de sus evaluaciones.
“Ya desde los 12 años están obligados a preguntarlo porque a esta edad ya entienden perfectamente la pregunta”, señaló, al referirse a la necesidad de abordar el tema de manera directa y responsable.
El especialista vinculó estas herramientas con los primeros auxilios psicológicos y con la posibilidad de intervenir antes de que una situación de riesgo se agrave.
El acompañamiento puede evitar el aislamiento
Finalmente, Rodante remarcó que pensar en suicidarse no constituye por sí mismo un diagnóstico ni una enfermedad y que puede atravesar a personas de distintas edades y circunstancias.
También señaló que las intervenciones preventivas no necesariamente requieren hospitalización. Según explicó, muchas estrategias que demostraron ser útiles pueden desarrollarse de manera ambulatoria, reservando la internación para aquellos casos en los que el riesgo no pueda ser controlado de otra manera.
La Jornada de Actualización realizada en San Juan buscó, precisamente, fortalecer estos conocimientos y promover una mirada colectiva sobre la prevención.
El mensaje central apunta a que la detección temprana, la escucha, el acompañamiento y la capacitación de distintos actores sociales son herramientas fundamentales para intervenir ante situaciones de riesgo. Convertir la esperanza en acción colectiva implica que cada ámbito de la sociedad pueda reconocer su responsabilidad en la prevención.

