El terremoto que golpeó a Colombia volvió a poner sobre la mesa una pregunta que en San Juan nunca debería perder vigencia: ¿qué pasaría si un movimiento fuerte sacude otra vez a la provincia?
El sismo, de magnitud 7,4, dejó al menos 132 personas fallecidas y más de 570 heridas. Y, como suele pasar cada vez que ocurre una tragedia así, acá aparece enseguida el mismo tema: la prevención.
En San Juan no hace falta explicar demasiado por qué. Según el mapa de peligrosidad sísmica del INPRES, el sur de la provincia y el norte de Mendoza están en la Zona 4, el nivel más alto de riesgo para la Argentina. En criollo: es una región donde hay que estar siempre atentos.
Eso no significa vivir con miedo, pero sí con los ojos abiertos. Porque los terremotos no se pueden predecir, aunque sí se puede trabajar para que no terminen en una tragedia mayor. Ahí entra en juego todo lo que pasa antes del temblor: cómo se construye, cómo se controla y cómo se prepara la gente.
La clave está en que las casas, los edificios, las escuelas y los lugares públicos estén hechos para resistir. Si una estructura colapsa, el daño puede ser enorme. Por eso la construcción sismorresistente no es un detalle técnico: en una provincia como San Juan, es una cuestión de seguridad cotidiana.
La historia local también pesa. Después del terremoto de 1944, la provincia cambió mucho en materia de obras y prevención. Con el tiempo, se convirtió en una de las jurisdicciones con más experiencia en este tema. Pero esa trayectoria no alcanza por sí sola si no se siguen controlando las obras viejas, las ampliaciones caseras y los edificios que quedaron desactualizados.
Ahí es donde la pregunta se vuelve bien concreta para cualquier familia sanjuanina: ¿mi casa está preparada? ¿La escuela de mis hijos tiene protocolos? ¿Sé dónde ponerme si tiembla? ¿Tengo claro cómo comunicarme con los míos si se corta todo?
Porque la prevención no depende solo del Estado. También empieza en casa, con cosas simples pero importantes: revisar muebles pesados, identificar lugares seguros, evitar objetos que puedan caer y tener pensado qué hacer si el piso empieza a moverse.
El mensaje que deja lo de Colombia no debería ser de pánico. Debería ser de alerta y de responsabilidad. En San Juan sabemos que los sismos forman parte de nuestra realidad. Lo que no debería formar parte de esa historia es la improvisación.
La pregunta, entonces, sigue abierta para toda la provincia: ¿estamos haciendo todo lo posible para que un terremoto no vuelva a convertirse en una tragedia humana?

