Cristina Fernández de Kirchner contó, en una entrevista con The Washington Post, cómo pasa sus días en su departamento de San José 1111, en el barrio porteño de Constitución. Allí cumple prisión domiciliaria, con visitas limitadas y poco margen para el contacto con otros.
La periodista Marina Dias reconstruyó esa rutina bastante puertas adentro, con ejercicio, lectura y estudio de idiomas. La exmandataria, de 73 años, dijo que mantiene una alimentación saludable y que hace actividad física entre cuatro y cinco veces por semana.
Para moverse usa una cinta de correr, una plataforma de step y pesas. También estudia inglés y chino, algo que —según explicó— le sirve para “evitar que mis neuronas envejezcan”. Nada mal para una agenda que no da mucha vuelta, ¿no?
Pero no todo es gym y libros. La parte más pesada, reconoció, es no poder compartir sus pensamientos con amigos y aliados, en un contexto donde las visitas están acotadas a cuatro horas semanales, distribuidas en dos días, y con un máximo de tres personas por encuentro.
La nota también recordó una escena en el balcón de San José 1111, cuando una movilización contra los recortes en educación pasó por la cuadra y un grupo de manifestantes empezó a gritar su nombre. Ella salió unos segundos, saludó, se llevó una mano al corazón y lanzó besos. Después, volvió adentro y siguió con la entrevista, como quien no quiere perder el hilo ni un segundo.

